“Si pongo un cuerpo gordo, no vendo” dijo el papa frita de Uki Deane la semana pasada en unas historias de Instagram.  “¿Cómo prefieren a mi amigo? Gordo o todo tuneado?” Eso es parte de lo que se conoce como “cultura de dieta”. Es un sistema de creencias que valora el cuerpo antes que el bienestar, es lo que hace que pensemos que todos los kilos que “tenemos de más” nos sobran, no son parte de nuestro ser y que tenemos que hacer todo lo posible para deshacernos de ellos como si fuera una cruzada contra nosotros o nosotras mismas. Es el ideal al que tenemos que llegar para que ocurran las cosas en nuestras vidas, como un hechizo (que a las personas flacas les pasan sin darse cuenta) como tener novio/a, entrar a cualquier shopping o feria berreta y que te entre lo que te gusta, etc y así llegar al nirvana de una vida normal. Es decir que todo el esfuerzo mental, fisico, psiquico y económico que hagamos para llegar a ese cuerpo ideal está justificado. Si el objetivo es subir al piso más alto, ser gorda es empezar desde el piso -20 en el subsuelo, ser flaca es estar en Planta Baja. 

Miremos los datos: las chances que una mujer considerada obesa (término médico horrible, si los hay) alcance y mantenga un peso “normal” son el 0.8% (fuente: American Journal of Public Health, 2015) O sea, las dietas no funcionan. Pero lo más importante es que a esa conclusión se llegó en 1959. Inclusive, en 1969 se hizo un estudio que mostraba que perder 1.5 kg, resulta en una disminución del metabolismo del 17%. El cuerpo tiende a querer preservar todas las energías posibles y poner en marcha mecanismos de compensación para mantenernos en el peso que son mucho más complejas que ingerir menos calorias de las que quemamos. 

Por supuesto que una vez que pensas en las dietas en estos términos, nunca mas te querés someter a ellas pero para las personas como yo que no solo bajaron más de 20 kgs en algún momento de su vida (para volverlos a subir con algunos más, obvio) sino que estuvieron casi todas sus vidas pensando en adelgazar, sacarse esa mochila del cuerpo ideal no es fácil. 

Si las dietas no funcionan y no tiene sentido comprometer nuestro bienestar para deshacernos de los kilos… PORQUÉ SIGO QUERIENDO ADELGAZAR??

Mi primer impulso es sentirme una farsante, una hipócrita. Odio la ira que me despierta que me pregunten si estoy embarazada y tengo que decir, “no, soy gorda”, me cuesta un huevo acostumbrarme a navegar en el mundo con este punto de vista. Yo también crecí y sigo sometida a los mensajes de la publicidad, la moda y la gordofobia de mi entorno, por lo tanto, creo que esperable que no me pueda sacar esta “meta” de la cabeza. Es cultural. Mientras siga existiendo la glorificación al cuerpo flaco y su inherente “MEJOR SALUD” que la de un cuerpo gordo, entre otros tantos preconceptos de la gordofobia, siempre va a ser un tema para mí. Estoy segura que esto también les pasa las personas flacas y hasta a las que les “sobran” 5kg, no 30kg. Nose, ¿quizás le tenemos que preguntar al boludo de Uki Deane?

Como todo cambio profundo, esto también requiere un proceso interno que a veces puede ser lento, y que puede tener recaídas cuando nos enfrentamos a una situación disparadora de ansiedad como tener una fiesta y no sabesr qué ponerte, cuando queres ir a comprarte algo nada te entra, o algún comentario desubicado por la calle. Si erradicarlo de raíz es imposible, por lo menos podría reducir la ansiedad alrededor de situaciones como esas.  Un gran motivador para mi es mostrarle a las generaciones más jóvenes que una puede ser gorda y no estar a dieta todo el tiempo, mostrar que hay diferentes cuerpos y eso está bieny que no tiene nada que ver con si pedís una ensalada o te comés una pizza. 

Rechazar la cultura de dieta (o sea no hacer dieta ni fijarme calorias, ni nada asociado a eso) me llevó a darme cuenta que no sabía comer, no sabía qué me gustaba comer. Vivir con la lógica de la restricción me llevaba si o si a un atracón en el que comía todos mis “alimentos prohibidos”. Como ya no tengo nada prohibido, pude descubrir que los alfajores y las pastas me dan un poco lo mismo, pero que amo la pizza. Lo más asombroso para mi fue que no me di un atracón de pizza ni como eso todos los días, sino que me gusta también prepararla con mis manos, solo los fines de semana con una cerveza y no como más de dos porciones porque me llené. Después de esa experiencia pude entender lo que ya sabía intelectualmente: mi cuerpo tiende a regularse solo.

Esto que me pasa con la comida lo puedo traducir perfectamente al ejercicio. Empezar a ir al gimnasio porque me gustaba y no con el objetivo de adelgazar me cambió por completo la mirada hacia la actividad física. Me di cuenta que no me gusta correr, pero amo andar en bici y puedo estar 1 hora tranquilamente mientras escucho la radio o algo de música. 

 

Entonces creo que mi conclusión es que cuando me dan esos ataques de adelgazar o querer hacer dieta lo que tengo que hacer es preguntarme POR QUÉ. ¿Para qué quiero “ser flaca”? Para que no me griten por la calle? Porque pienso que le puedo gustar más a mi esposo? ¿Qué hay detrás de ese miedo? De verdad estan en mi control alguno de esos escenarios?  Realmente puedo evitar lo que el otro me grite o si mi marido me quiere ser infiel? Por ahora, mi único objetivo es tener una mejor relación con la comida y conmigo misma. Por supuesto que avalo completamente querer bajar de peso y esta super OK estar a dieta SI ESO ES LO QUE QUERÉS. No le debes explicaciones a nadie. nadie tiene derecho a comentar sobre tu cuerpo o lo que deberías hacer o no, aún si es NO hacer dieta. Ser flaca no es una obligación moral, es cultural.